Las palabras son semillas que sembramos cada día en nuestro universo, muchas veces no atendemos conscientemente cuando hablamos e instruccionamos, descubriendo en poco tiempo  como estas ¨profecías auto-cumplidas¨ conforman nuestra  realidad…

Es clave comenzar desde principio y analizar la importancia lo que vamos a recorrer, vinculado a la ¨Palabra¨, tanto hablada como escrita que in-forman nuestro universo, instruccionando todo aquello que decimos ¨ordenando¨ (en sus 2 vertientes del término) en el plano cuántico o sutil donde se conforma la realidad, de esta manera somos algo más que inocentes observadores…

Muchas veces habrás leído o escuchado el término Logos que fue traducido  como ¨palabra¨ o ¨verbo¨es un vocablo común en distintas corrientes filosóficas (también lo encontrarás en la biblia) El Logos, está asociado al orden cósmico, estableciendo una relación directa entre Dios y el plano físico, siendo el ¨mediador¨ entre estos dos planos (físico y espiritual) por esta razón es clave profundizar sobre el sentido que posee este término y redescubrir la importancia que sigue manteniendo hoy día. 

Podemos comprender el valor de las palabras en nuestra vida cotidiana, como aquellas semillas que nos permiten sembrar realidad, en la medida que mantengamos una coherencia en lo que decimos y sentimos, sin caer en contradicciones. Nuestras palabras, aquellas de decimos a otros y a nosotros mismos impulsan acciones que como mencioné más arriba, repercute en los planos sutiles, cuanto más firme es la in-formación emitida y verbalizada, (esto no tiene que ver con el volumen, sino con nuestra intención) iremos ¨plasmando¨ en nuestro universo con más rapidez y eficacia aquello que nombramos (seamos conscientes o no de ello) por esta razón es clave escuchar aquello que decimos… no repetir frases sin pensar, ni hablar solo por llenar un silencio. 

Bendecir es ¨bien-decir¨

Para ello es clave, estar presentes en lo que decimos (no en piloto automático) ya que hablar es una de las facultades más importantes que poseemos como humanos y es a través del sonido (verbalizando correctamente) somos co-creadores de nuestros universos. Este proceso, requiere tres aspectos fundamentales; alinear la intención, la emoción con la creencia cuando hablamos, logrando así una coherencia en lo que decimos, al igual que un rayo láser que tiene como definición ¨Haz de luz coherente¨, nuestra palabra creadora se convierte de esta manera, en un verbo creador coherente, que permite plasmar nuestra realidad, en la medida que aprendamos a habitarla en primera persona, esto significa que Yo Soy, (solo cuando estoy presente) siendo el momento de empoderamiento de nuestra verdadera naturaleza divina.

El verbo es acción y dirección

El verbo contiene la acción y el germen del poder creador, pero para que esto se cumpla en nuestro plano físico es clave alinearlo en los tres ejes mencionados más arriba y conjugar el verbo en presente y en primera persona… siendo el momento cuando ¨decretamos¨ en nuestro universo, definiendo de esta manera la información ¨ordenada¨ de Cuando y Quien está implicado en esa acción que nombro (por eso debe estar en primera persona además de determinar previamente QUE.

En esta línea de razonamiento no es lo mismo ¨hablar¨ que ¨hablo¨, ya que en ¨hablar¨ no hay sujeto ni se determina cuando se está hablando… en cambio en el verbo ¨hablo¨ estoy implicado en esa acción en presente y primera persona y es ahí cuando puedo realmente plasmar ¨ordenando¨ en mi universo.

Considera todo esto cuando estás nombrando aquello a lo que te diriges o deseas crear, trayéndolo al ¨presente¨… también tenlo presente cuando escribes en tu agenda 😉
No pienses que es un truco semántico, son claves que puedes ir aplicando en tu camino espiritual como co-creador.  Deseo que comiences a plasmar en tu universo la realidad que deseas emprender.

 

Christian