Todas las tradiciones místicas han transmitido sobre la importancia de acceder a la esencia del Ser, aspecto que se representaba mediante ciertas meditaciones activas, como dirigirse al centro del Mandala o trazar la Flor de la Vida…

Los artistas y los científicos (como muchas otras personas que transitan distintas disciplinas introspectivas) han descubierto diversas formas para lograr corazonar desde su centro, algo que permite plasmar su obra o modelo matemático que previamente ¨sienten¨ desde su saber subjetivo, experimentando esta verdad en su corazón. Esto es algo que todos podemos realizar, como parte de nuestro camino espiritual, así reconocer de forma directa la experiencia mística donde nuestra conciencia se expande, logrando conectarnos con aquello trascendente.

Para alcanzar nuestro centro, se requiere inicialmente equilibrar la mente dual y atravesar los procesos del psiquismo, un aspecto que permite ordenarnos así des-ocultar repuestas inconscientes permitiéndonos de esta manera reconocer los condicionamientos que gobiernan nuestra conducta. Pero solo mediante el verdadero autoconocimiento es posible acceder a nuestro Ser, que está atesorado en un nivel más profundo, en nuestra esencia misma y para ello es necesario ¨cerrar el círculo¨ y dirigirnos a nuestro propio centro. Si bien lo recién mencionado puede resultar algo abstracto, guarda un delicado proceso que conforma la piedra angular de nuestro camino evolutivo, que es necesario recorrer en primera persona como lo han enseñado los distintos maestros del pasado.

El centro del mandala

La tradición tibetana entre otras culturas que han utilizado el mandala, un término que proviene del sanscrito y significa ¨círculo sagrado¨, utilizado siempre como una meditación activa que requería cierta preparación previa ya que se moviliza muchos aspectos inconscientes en el individuo, nunca era utilizado como un pasatiempo o un juego como se lo suele utilizar hoy día.

Esta meditación activa representaba un paso crucial entre el microcosmos y el macrocosmos, permitiendo acceder a un tiempo-espacio de común-unión en un centro establecido en el Ser, en unidad y en presente… algo que Jung estudio profundamente y comprendió la relación directa con el Self o Sí-mismo de su Psicología Analítica. Él advirtió que el centro del mandala se encuentra topológicamente la conciencia, que es necesario alcanzar y despertar.

Podemos reconocer en palabras de mismo Jung una clara referencia sobre este tema;
El mandala es la expresión de todos los caminos. Es el camino que lleva al centro, a la individuación. (…) Vi claro que el objetivo del desarrollo psíquico

es la propia persona. No existe un desarrollo lineal, sólo existe la circunvalación del uno mismo.” Si deseas profundizar más sobre este tema, dispones de un artículo sobre Jung y los mandalas clic aquí.

 

La Flor de la Vida y el punto cero

Desde la Geometría Sagrada también se reconoce este primer objetivo, en un viaje simbólico recorrido a través de las formas, que nos permite vincularnos con los Sólidos Platónicos purificando la densidad  enquistada el cuerpo físico, mediante el Cubo, el Icosaedro y el Tetraedro donde se trabajan conscientemente los apegos, emociones, deseos y todo aquello que te tiene atrapado en las formas, limpiando lo inarmónico que impide llegar al centro de nuestra naturaleza divina.

Una vez cumplida esta primera etapa de purificación, el trabajo es en el corazón mediante el Octaedro, que permite llegar a nuestro centro (nuestro corazón) y lograr un balance de las energías internas y externas en nuestra naturaleza física. Es muy importante el trabajo conciente mediante el Holón de Balance, puedes ver aquí como se implementa esta meditación que permite equilibrar las dinámicas energéticas en el Ser. Esta etapa nos prepara para seguir avanzando hacia el Dodecaedro, el sólido que nos vincula con el éter y el macrocosmos.

En la medida que el trabajo en el corazón se intensifica de diferentes formas desde la Geometría Sagrada, es posible acceder a lo que Dan Winter denomina el vacío fractal o el punto cero, permitiendo alcanzar ¨la implosión¨,  aquella ¨frecuencia de amor¨ en un estado de conciencia de unidad. Desde este nivel es posible direccionar el sonido rector que permite al co-Creador plasmar en su universo. Algo atesorado en las escuelas de conocimiento del pasado. Podrás conocer más sobre el trabajo con los mandalas desde este video, clic aqui.

Este centro que estoy haciendo referencia, es posible reconocerlo en la Flor de la Vida, que coincide siempre con el corazón del Ser, como podemos observar está estrechamente vinculado a la Cabalá

El Pilar Medio de la Cabalá y Tiferet

Desde la tradición hebrea, que ha heredado de los egipcios el conocimiento de la Cabalá como camino de ascensión desde lo denso a lo sutil,  encontramos en el Pilar Medio como el punto de equilibrio, que es importante ¨circunvalar¨ hacia lo sutil. En este recorrido es clave alcanzar mediante diferentes etapas de sutilización la sefirá Tifetet, vinculada al corazón y ubicada en el centro del Árbol de la Vida, también llamado la “Inteligencia Mediadora”, que es necesario alcanzar y sostener antes de acceder a Daath, el conocimiento que nos vincula con el sonido rector. Para que esto ocurra, es importante trascender Yesod que representa el ego y los apegos.

El centro de la Chakana

Las culturas nativas de América tuvieron diversas formas de acceder a este mismo centro. En el caso de los Andes, la Chakana representa un puente o escalera, que posee además varios niveles de significación que son claves en el recorrido espiritual conocido en el pasado por los Quechuas y Aymaras desde hace siglos, que les permitió alcanzar su centro y conectar con el Kausay, viviendo en equilibrio con la naturaleza y con el cosmos (aspecto que se conocía como ¨el buen vivir¨).
Esto ocurre cuando se alcanza topológicamente ese 
punto central de la Chakana, impulsando al humano a vivir en un estado de ¨común-unión¨ con todas las conciencias.

Como podemos comprender, esto claramente representa un mandala que invita a un viaje interior hacia el re-encuentro del Ser que nos conecta con un ¨Puente Cósmico¨, donde no se requiere dogmas. 

Meditar es ¨estar en el medio¨

En todos los recorridos esbozados, nos encontramos con un concepto diferente de la palabra meditación, que proviene del latín y significa ¨medi stare¨, que literalmente significa; estar en el medio o en el centro, pero entendiéndolo como acción en todo lo que realizamos de forma cotidiana cuando logramos estar ¨presente¨, no en ¨modo piloto automático¨.

Alcanzar nuestro centro implicará entonces, empoderarnos como seres conscientes más allá de la dualidad, siendo posible experimentar el tiempo de otra forma y comprender la importancia del sonido, la vibración que nos permite ¨imprimir¨ en el éter (campo cuántico) aquello que unificamos cuando pensamos, sentimos, decimos y hacemos de forma alineada,  logrando una resonancia en coherencia armónica, aquí verbo posee una directriz clara, ya que desde donde se Habla, será desde nuestro propio centro. En perfecta unidad, solo de esta forma será posible conectar con aquella premisa hermética;  «Dios es la esfera infinita cuyo centro se halla en todas partes y la circunferencia en ninguna»

Ese es mi deseo.


Christian Franchini